El cambio climático genera nuevos refugiados: 26 millones de personas desplazadas anualmente
Las inundaciones, las olas de calor y las sequías prolongadas expulsan cada año millones de personas de sus hogares. El sur de Asia y el África subsahariana concentran la mayoría de los desplazamientos climáticos.
El cambio climático se ha consolidado como uno de los principales motores de desplazamiento humano en el siglo XXI. Cada año, alrededor de 26 millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares a causa de fenómenos meteorológicos extremos directamente relacionados con el calentamiento global: inundaciones devastadoras, ciclones tropicales de intensidad creciente, sequías prolongadas y olas de calor mortales.
A diferencia de los refugiados de guerra, los desplazados climáticos no están reconocidos por ningún marco jurídico internacional específico. La Convención de Ginebra de 1951 no les ampara, lo que les deja en un vacío legal que dificulta su protección y reinserción.
Asia del Sur es la región más afectada. Bangladesh, Pakistán e India concentran algunos de los episodios de desplazamiento masivo más graves. Las inundaciones monzónicas cada vez más intensas y la subida del nivel del mar amenazan las zonas costeras y los deltas fluviales donde viven cientos de millones de personas.
En el África subsahariana, la desertificación progresiva del Sahel y las inundaciones ciclópeas en África Oriental combinan sus efectos con la pobreza estructural y la debilidad institucional, creando situaciones de vulnerabilidad extrema.
Las proyecciones científicas apuntan a que, sin una reducción drástica de las emisiones globales, el número de desplazados climáticos podría alcanzar los 216 millones de personas en 2050, concentrados en seis regiones del mundo: África subsahariana, Asia del Sur y del Este, África del Norte, América Latina y Europa del Este.
La comunidad internacional comienza a reconocer la urgencia del problema. Varias cumbres del clima han incluido por primera vez la cuestión de los desplazamientos en sus agendas, pero los compromisos concretos para proteger a las personas afectadas siguen siendo insuficientes.